La crecida del Paraná, asociada al fenómeno de El Niño, desplazó a 3.244 personas en Ayolas. La defensa costera proyectada desde 2013 sigue siendo una promesa inconclusa, mientras cientos de familias ribereñas se enfrentan una vez más a las consecuencias de las inundaciones y la incertidumbre de no saber cuándo podrán regresar a sus hogares.
Ruth Figueredo y su familia han atravesado numerosas crecidas del río Paraná, en los últimos años, cada vez con mayor frecuencia. Cuando el río comienza a subir, la espera se convierte en una inquieta compañera de todos los días. Esperan que el agua no llegue y, si finalmente llega, que baje pronto.



Pero por encima de todo, hay una espera que lleva décadas: la de una solución definitiva que permita proteger a las familias ribereñas.
El pasado Llunes 12 de octubre, la evacuación se volvió inevitable. Ruth y su familia recibieron la alerta de que esa misma tarde el agua avanzaría sobre el barrio San José-mi, donde se encuentra su vivienda. Recogieron sus pertenencias y se trasladaron hasta uno de los albergues habilitados para las familias evacuadas.
“El agua subió muy rápido, tuvimos que evacuar como pudimos”, recuerda.
Como Ruth, miles de personas esperan que el nivel del Paraná descienda para regresar a sus hogares. Según el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) de la Secretaría de Emergencia Nacional, la crecida desplazó a 1.040 familias, unas 3.244 personas. De ellas, 819 familias encontraron refugio en casas de familiares o viviendas alquiladas, mientras que otras 221 permanecen en 17 albergues temporales.


San José Mí es uno de los barrios ribereños más afectados, junto con San Rafael y María Auxiliadora. El agua también llegó a sectores de San Antonio, Quindy y la compañía Tingó.
El Paraná alcanzó los 6,34 metros en Ayolas, superando en 2,14 metros la cota de alerta, establecida en 4,20 metros, y en 1,84 metros el umbral de inundabilidad, de 4,50 metros. En condiciones normales, el río registra una altura cercana a los 1,80 metros. La crecida está asociada a las lluvias vinculadas al fenómeno de El Niño.
En Ayolas, el agua puede subir rápidamente y dejar poco margen para reaccionar. La ciudad se encuentra aguas abajo de la represa de Yacyretá, cuyas descargas a través de turbinas y vertederos pueden influir en la velocidad con la que aumenta el nivel del río y reducir el tiempo disponible para evacuar y poner a salvo las pertenencias.
“Votorã katueté ojapota hikuái la defensa costera ha upéi vyropa” (en cada elección prometen que van a construir la defensa costera, pero hasta ahora no lo han hecho), reclama otro vecino.
En 2013, la Entidad Binacional Yacyretá (EBY) presentó un proyecto de defensa costera para Ayolas, presupuestado entonces en 27 millones de dólares. Trece años después, la obra continúa pendiente. Una evaluación posterior de la mesa técnica integrada por la EBY, el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones (MOPC) y la Gobernación de Misiones estimó su costo en unos 150 millones de dólares, aunque ambas cifras corresponden a distintas etapas y alcances del proyecto.



Las crecidas del Paraná son fenómenos naturales y recurrentes, pero sus consecuencias no son inevitables. Mientras la defensa costera siga siendo una promesa, cientos de familias continuarán expuestas a la posibilidad de abandonar sus hogares cada vez que el río alcance niveles de inundación.
En el albergue, los días de Eva y otras familias transcurren pendientes del nivel del río Paraná. Caminan hasta la orilla para observar cuánto ha subido o bajado el agua, esperan que la próxima vez, sea diferente.









